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La consultora McKinsey estima que la creciente penetración de dispositivos móviles creará un mercado de servicios basados en información personal geolocalizada por un valor de 100.000 millones de dólares en los próximos 10 años. El informe se llama Big Data: The next frontier for innovation, competition, and productivity. Vale la pena pegarle una mirada.

La geolocalización personal es cada vez más común gracias a los chips GPS que vienen incorporados en cualquier nuevo modelo de smartphone. Su penetración es cada vez mayor: en 2010 había alrededor de 600 millones de estos dispositivos en uso y se prevé que crezcan al 20% anual. Estos teléfonos determinan la ubicación de su portador en un área de 15 metros.

Pero la geolocalización también se alcanza a través de la triangulación de señales de telefonía celular, lo que la extiende al dueño de prácticamente cualquier teléfono móvil, es decir, un parque global de unos 5000 millones de aparatos. Volviendo a los teléfonos inteligentes, los  que tienen capacidad Wi-Fi ofrecen una fuente adicional para determinar la ubicación de alguien, especialmente útil para lugares cerrados.

Claro que esta información no es generada exclusivamente por teléfonos móviles. Habría que agregar a los navegadores GPS de vehículos, por supuesto, pero también a las tarjetas que pasan por la terminal de un punto de venta o un molinete de acceso.

A diferencia de otros dominios impactados por la revolución digital, los datos de localización personal suponen una oportunidad para muchas industrias; las de Telecomunicaciones y  Retail entre las más obvias.

La segmentación geográfica de publicidad móvil es una de las aplicaciones más comunes que pueden crear valor a partir de la utilización de localización personal de datos. En una conferencia de tecnología móvil en octubre pasado, un director de Google definió a los cupones geolocalizados como “el Santo Grial de la publicidad local”, y estimó que este año las empresas habrán invertido algo así como 1000 millones de dólares en estos anuncios.

Por otro lado, las posibilidades de hacer verdadera inteligencia comercial también son inagotables. Por ejemplo, combinando etiquetas RFID en los changuitos, cámaras de video y aprovechando los teléfonos móviles de los clientes, los comercios minoristas pueden usar estos datos para entender patrones de compra obteniendo información sobre la densidad peatonal, la velocidad del tráfico, la respuesta a promociones y cómo todo esto se vincula a la compra de productos.

Aunque este incipiente mercado deberá hacer un gran esfuerzo de transparencia para desarrollarse y no desatar la ira de los consumidores. Tan solo recordemos lo que pasó en abril, cuando dos hackers descubrieron un archivo en el iPhone y en el iPad que almacenaba, sin encriptar y sin protección, una lista con fecha y hora de los lugares visitados por el propietario del dispositivo.

Posted by on 30 noviembre, 2011.

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