Sobre el proyecto anti offshoring de Schumer

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Charles Schumer es un senador norteamericano del partido demócrata, que últimamente ganó notoriedad por impulsar una ley anti offshoring. Si prospera, las empresas de su país no solo deberán informar a sus clientes cuando el contacto es resuelto por un operador fuera del territorio nacional, sino que también deberán informar en qué país está localizado.

Y por si esto fuera poco, también se les cobrará un impuesto por contacto tercerizado en el exterior.

El objetivo del senador, según declaraciones que realizó a la prensa,  “es mantener puestos de trabajo de la industria de los centros de llamadas en los Estados Unidos y también proporcionar una razón para que las empresas que lo han subcontratado en el exterior los traigan de vuelta”.

Digamos que el proyecto prevé cargar con un impuesto de 0,25 dólares a toda llamada de servicio al cliente que una compañía norteamericana tercerice afuera. Las empresas deberán certificar ante la Federal Trade Commission que cumplen con la normativa; habrá fuertes multas para las que no la hagan.

El proyecto de ley incluso exigirá que las empresas revelen en sus informes trimestrales y anuales datos sobre el servicio al cliente que prestan. Por ejemplo, cuántas llamadas reciben y qué porcentaje se envían al exterior.

Son muchas las investigaciones académicas que demuestran que las tarifas proteccionistas y las barreras comerciales -los impuestos para hacer negocios– no suelen generar los efectos deseados. ¿Sería este el caso?

Algunos analistas piensan que la idea de Schumer tendrá efecto en empresas pequeñas que pensarán dos veces antes de deslocalizar el servicio. Pero las grandes empresas que ya establecieron operaciones en el extranjero, probablemente no los traigan de vuelta debido al alto nivel de inversión que ya han realizado.

Entre las consecuencias previstas, podría ocurrir tanto que las empresas simplemente trasladen el costo a sus clientes o -peor todavía- contraten servicios pensando exclusivamente en el precio. Más costo, menos calidad: una ecuación que sin dudas no le conviene a nadie.

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