México: los deportados se refugian en los centros de contacto

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MéxicoLa garita de San Ysidro es el cruce fronterizo más transitado del mundo: cada año recibe a más de 30 millones de personas que van de México hacia Estados Unidos, y también es el que recibe la mayor cantidad de deportados en el sentido opuesto. En los últimos diez años uno de cada cinco de los 1.8 millones de mexicanos deportados, ha regresado a México por esa puerta.

En este contexto, más de 350 mil personas que llegan a un sitio que la mayoría no conoce  y si bien algunos son deportados unas horas o días después de haber cruzado, otros han pasado toda su vida en Estados Unidos, han crecido, estudiado, hecho amigos, iniciado una vida profesional y proyectado su futuro ahí, hasta que un día los “regresan” a un lugar que les es desconocido. A estos jóvenes adultos, que llegaron como indocumentados a Estados Unidos siendo niños, se les conoce como “dreamers”.

La vida de estos niños transcurre en relativa calma hasta que se gradúan de la preparatoria o cumplen la mayoría de edad. Entonces enfrentan una disyuntiva: pueden hacer una carrera universitaria en el país en el que crecieron —pagando elevadas tarifas, sabiendo que no podrán trabajar legalmente, y bajo el permanente riesgo de deportación—, o pueden volver a su país de origen —México, en el caso de más de 70% de los “dreamers”— y tratar de ingresar a la universidad.

Quienes eligen la segunda opción tienen que enfrentarse con una gran burocracia y una sociedad que los rechaza. Pero además del retorno voluntario hay otra situación que padecen: el regreso como producto de una deportación. En ambos casos, la falta del dominio del español, la ausencia de referentes culturales y la inexistencia de mecanismos para facilitar su incorporación a la vida en México se convierten en obstáculos mayores que los que enfrentaron en la nación donde eran indocumentados: “vuelven” a un país que les es ajeno, en el que tampoco tienen documentos y en el que ni gobierno ni sociedad están listos para recibirlos.

Un refugio en los centros de contacto

Actualmente seis de cada 10 empleados que trabajan en los centros de contacto de la capital mexicana son jóvenes que fueron deportados o retornados de Estados Unidos. En los call centers el sueldo llega a 45 pesos mexicanos por hora, mucho más que los 70 diarios que otorga el salario mínimo en el Distrito Federal. 

Aunque hasta hace tres años era poco lo que se escuchaba sobre los “dreamers” en México, sus historias se empiezan a conocer por medidas implementadas por Barack Obama, como la llamada Acción Diferida. En los últimos meses el tema se ha abordado en debates académicos, en el Senado y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Vía: Diario.mx

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