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Lo urgente, lo importante y el placer de tachar

distractions“Tengo dos tipos de problemas: lo urgente y lo importante”, decía Dwight D. Eisenhower, presidente de Estados Unidos en los años 50. “Lo urgente no es importante, y lo importante nunca es urgente“. Un elegante juego de palabras que describe con bastante precisión el mundo laboral actual de muchas personas.

En el trabajo, de manera cotidiana, balanceamos nuestra capacidad de ejecución entre las tareas que exigen atención inmediata y las que no tienen esta exigencia pero que a su vez son las que nos acercan a nuestros objetivos. Lamentablemente, muchas investigaciones comprobaron que tenemos una tendencia natural a centrarnos excesivamente en las primeras.

Y es que nuestro cerebro está programado para recompensarnos con deliciosas descargas de dopamina cuando terminamos alguna tarea. Es por eso que tenemos preferencia por la realización de tareas simples, como responder un e-mail o devolver una llamada. Son cosas que llevan poco tiempo y nos permiten experimentar el placer de tachar algo de la lista.

Un interesante artículo de Francesca Gino y Bradley Staats, publicado en la Harvard Business Review, sugiere una interesante manera de aprovechar esta pasión por la terminación. Los autores sostienen que este premio que obtenemos al terminar una tarea, también mejora nuestra atención, memoria y  motivación. En definitiva, nos predispone mejor para alcanzar las metas importantes.

Para comprobar esta teoría hicieron un experimento.  A más de 500 empleados de una amplia gama de industrias, les pidieron que en los primeros minutos de su jornada laboral anoten las tareas que llevarían a cabo durante el día, también el orden de realización. Luego, a dos tercios de estos empleados les pidieron que tachen sus tareas una vez que las completaban, y a la mitad de este segmento de la muestra les dejaron agregar tareas rápida y sencillas al tope de la lista.

¿Resultados? Los que completaron las tareas cortas primero y después fueron tachando de la lista otras mientras las terminaban, resultaron ser los más satisfechos con su trabajo, sintieron el nivel más alto de motivación y lograron el mejor desempeño durante semana.

Los investigadores comprobaron que terminar las primeras tareas de forma rápida, les dio a los empleados el impulso que necesitaban para pasar al resto de su trabajo. También que no completar tareas ocupa la mente del trabajador. Es decir, nos cuesta mucho olvidar las tareas que iniciamos pero no completamos y eso dificulta dedicar atención a otras actividades.

Gino y Staats sugieren que una forma de aprovechar lo que ellos llaman el “sesgo de la realización”, es organizar el inicio de la jornada laboral con algunas tareas sencillas, que nos prepararen para hacer frente a las actividades más importantes justo después.

Posted by on 23 marzo, 2016.

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