Scott vs Shackleton, dos estilos de liderazgo

AllSafeAllWellEl 14 de diciembre de 1911 el explorador Roald Amundsen y su equipo se convirtieron en los primeros hombres en llegar al Polo Sur. Amundsen plantó la bandera noruega en el punto más austral del planeta y hasta tuvo tiempo de escribirle una carta a Robert Scott, que llegó 35 días más tarde. Los integrantes del equipo inglés, los que llegaron segundos, murieron por la inclemencia antártica cuando intentaban regresar a la base.

Mucho se escribió sobre las diferencias entre las dos expediciones para entender por qué una fue exitosa y la otra tuvo un final trágico. Amundsen usó perros groenlandeses como medio de transporte, Scott usó caballos mongoles.  El noruego contaba con un equipamiento de mayor resistencia al frío. El inglés no calculó bien las raciones de su equipo. Scott puso la ciencia como objetivo prioritario, lo único que le importaba a Amundsen era ganar la carrera.

Pero no eran solo diferencias técnicas; el grupo de Scott tenía serios problemas internos. “No me gusta nada Scott y lo tiraría todo por la borda si no fuera porque somos una expedición británica. No actúa con rectitud, su primera preocupación es él mismo, el resto no le importa”, escribió Lawrence Oates en su diario de expedición. Oates estaba herido y para no ser una carga para el resto del equipo decidió sacrificarse. “Voy a salir y puede que por algún tiempo”, fue la última entrada de su diario…

Otro explorador que también había intentado llegar al Polo Sur -alguna vez incluso bajo al mando de Scott- fue el irlandés Ernest Shackleton, aunque siempre tuvo que pegar la vuelta antes de conseguirlo. Cuando reunió los fondos para su gran aventura, la carrera del Polo había terminado. Así que se le ocurrió que él sería el primer hombre en cruzar el continente antártico. A poco de comenzar la aventura, el Endurance, su nave, quedó atrapada en el hielo antes de llegar al punto de partida. Shackleton comprendió  que la situación no iba a mejorar hasta la primavera siguiente.

Lo que había comenzado como una misión de exploración, de golpe se convirtió en una misión de supervivencia. Y esta vez lo que hizo la diferencia fue la gran capacidad de Shackleton para responder a circunstancias cambiantes constantemente. Digamos que tuvo que reinventar los objetivos del equipo todo el tiempo. Abandonaron la nave. Acamparon en placas de hielo flotante trasladando provisiones, equipo y los botes salvavidas. Cuando las placas empezaron a quebrarse, se embarcaron y lograron llegar a la deshabitada isla Elefante.

Alejado de cualquier ruta marítima, Shackleton decidió arriesgarse a emprender un viaje de casi 1300 km en uno de los botecitos e intentar llegar a alguna de las estaciones balleneras de las islas Georgias del Sur. Durante dos semanas un grupo reducido navegó por las aguas tormentosas del Atlántico Sur hasta lograr ese objetivo. Todavía faltaba rescatar al resto del equipo, algo que supuso algunas complicaciones, pero que se consiguió.

Otra cosa que Shackleton entendió rápido cuando el Endurance quedó varado, fue que sus más grandes enemigos serían la ansiedad, el aislamiento y el pesimismo. Por eso desde el comienzo intento que todos mantuvieran sus funciones normales en la mayor medida posible. También mantuvo una estricta rutina para las comidas e insistió en socializar después de la cena, como un tónico para el ánimo dañado.  Y cuando alguno de sus hombres expresó escepticismo acerca de sus planes, actuó con rapidez para contener su negatividad.

Pasaron casi 2 años y nadie puso un pie en la Antártida. Pero seguían siendo 28 personas, ni una menos.

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