Muévete rápido y rompe cosas, en el espejo

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Los responsables de la protección de datos personales de cualquier empresa o área de Gobierno quedaron al menos perplejos con el Facebook affaire que se viene desarrollando durante los últimos días. Y es que darse cuenta que la base de datos dinámica más grande de la historia de la humanidad se manejó en este aspecto como si fuera un boliche, es muy fuerte.

¿Cómo debe sentirse entonces la persona que por ejemplo, en Argentina, todos los años cumplió con diligencia las disposiciones de la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales?

Además, la diferencia con otros hackeos de datos masivos reciente es cualitativa: no solo se accedió a datos sensibles como puede ser la dirección postal o un número de teléfono celular, sino que se le permitió a mercenarios de la política acceder al corazón de esta red: su algoritmo perfilador capaz de saber qué contenidos activan nuestro sistema emocional.

A favor de Zuckerberg, habría que decir que esto era algo que se sabía desde hace tiempo. Ahora casi nadie juega en Facebook, pero no se si recuerdan que hace unos años millones de personas pasaban horas en Farmville y Candy Crush, entre miles de otros juegos. Cualquier programador que haya diseñado aplicaciones para esta red social sabe que hubo una época que el manejo de las bases de usuarios era una especie de caos.

“Facebook no hacía nada por proteger los datos personales. Tú decidías hacer una app en su plataforma y sin chequear que fueras un creador de confianza te daban acceso a sus librerías. Les pedías los datos que querías y te mandaban incluso cosas que ni siquiera habías solicitado”, recuerda Javier Arévalo, veterano desarrollador de videojuegos.

En el medio estadounidense The Atlantic, el periodista y diseñador de videojuegos Ian Bogost, cuenta también cómo en 2010 hizo un juego para Facebook y almacenó una cantidad gigante de datos “sin querer”. “La retirada de datos era el comportamiento predeterminado en las aplicaciones de Facebook”, comenta Bogost.

Recién en 2014 Facebook decidió empezar a poner coto a estos negocios, pero en ese momento estas empresas ya habían sacado miles de toneladas de oro en la mina de la red social. Ese año lanzaron una nueva API para tapar los agujeros que permitían a los desarrolladores llegar sin pasar ningún control previo de la plataforma a la listas de amigos información del perfil público (nombre, apellidos, género, localización, lista de amigos, etc.).

Aquel simpático slogan de Mark -muévete rápido, rompe cosas- regresó como una trompada. Lo bueno es que seguramente la época salvaje de las redes sociales haya terminado y ahora usemos una mejor versión. Aunque en última instancia depende de nosotros.

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